UTOPÍA Y REALIDAD CON RESPECTO A LA OBJETIVIDAD
PERIODÍSTICA… Después de los acontecimientos que se
registraron a partir de la visita del candidato presidencial del PRI, Enrique
Peña Nieto, al campus del Distrito Federal, de la Universidad Iberoamericana,
hemos visto un sinnúmero de cometarios positivos y negativos, tanto en los
medios convencionales como en las redes sociales, si son estudiantes, si ya
despertaron, si hay acarreo, si es democracia, marchas pacíficas, manipulación
de partidos, si son o no jóvenes, al final cada ciudadano concluye lo que mejor
le conviene y el uno de julio se dará a conocer el veredicto final… Por ello,
les comparto parte de un texto que leí en el 2001 del periodista colombiano
Javier Dario Restrepo y que sigue vigente con la utopía y realidad del quehacer
periodístico de estos y todos los tiempos… “El memorando de A.M. Rosenthal para
los periodistas del New York Times llegó a ser un mandato escrupulosamente obedecido en incontables
redacciones, leyeron entonces los del periódico neoyorquino: "el deber de
todo reportero y editor es luchar para conseguir tanta objetividad como sea
humanamente posible"… Y a renglón seguido les describía la objetividad
como distancia, exclusión de puntos de vista personales e inclusión de todos
los puntos de vista... Además, agregaba Gaye Tuchman, la objetividad es una
virtud que protege al periodista "contra juicios por libelo", porque
trata por igual a todas las personas y opiniones… Algunos le agregan otra
ventaja a la objetividad: "exige solamente que los reporteros se hagan
responsables de cómo informar, no de lo que están informando"… Según la
respuesta común de los medios acusados y acosados por el público como
sensacionalistas, ellos son objetivos porque se limitan a registrar la realidad
sin comentarios ni interpretaciones; y de hecho, es una tradición vigente en una parte de la prensa en el
mundo, que la tarea informativa debe limitarse a la transcripción rigurosa,
exacta de los hechos y de las opiniones, tal y como se dieron en la realidad… Son
percepciones que a veces se contradicen y que dejan intacta la pregunta: ¿qué
es la objetividad?... Cuando la información parte de un conocimiento exacto y
cierto, de una reflexión consciente y de una rectitud intachable de
intenciones "en esto consiste la
imparcialidad o la absoluta objetividad", sentencia Luka Brajnovic… Los
códigos de ética son tan específicos como este profesor de la Universidad de
Navarra, el de la ONU exige "información exacta, conforme a los hechos,
comprobada en todos los hechos esenciales y sin deformación deliberada",
para hablar de objetividad… Otros ocho códigos recalcan o el deber de la
absoluta objetividad (Código del periodista europeo) o el derecho del público a
esa clase de información (Federación Internacional de Periodistas) o la
necesidad de despojar el ánimo de prejuicios (Periodistas de Antioquia,
Colombia) o el rechazo de presiones de los empleadores para que se acomode la
versión de los hechos a sus intereses (Código de Chile) o el repudio de la
mentira como práctica profesional ( Códigos francés e italiano) o la técnica de
consultar documentos probatorios y de buscar los hechos mismos ( Código
peruano) o la apelación a la conciencia socialista y a la responsabilidad ante
la opinión para informar verazmente
(código yugoeslavo)… Estos mandatos de los códigos no resuelven el problema, por
el contrario, siempre que se los esgrime, el periodista tiene razones para
responder con la contundencia de los hechos vividos que la objetividad que
reclaman los códigos no es posible… ¿Es posible la objetividad?, los que tienen
presentes sus estudios de filosofía, generalmente invocan en su favor a Heráclito y a los
filósofos escépticos, existe el conocidísimo texto de Heráclito sobre el hombre
que no puede bañarse dos veces en el mismo río, porque sus aguas en movimiento
constante hacen distintos ríos cada instante, es una comparación feliz para
describir la tarea del periodista… Los hechos de la historia diaria, que son la
materia prima de la información periodística, son tan cambiantes como las aguas
de un río. Pretender la objetividad es tanto como creer que es posible capturar
y congelar el instante que huye… El mismo hecho, observado por distintos
periodistas, recibe tratamientos y versiones diferentes, además, en las
sucesivas ediciones de un periódico o en las emisiones de un noticiero, tiene
que ser complementado, corregido, aclarado o rectificado, hasta el punto de que
el periodista llega a contemplar las suyas como verdades provisionales… Un
periódico de hoy sería una fuente de
argumentos para los escépticos que, en los comienzos de la reflexión
filosófica, consideren que el ser humano está incapacitado para conocer la
realidad de las cosas y esa imposibilidad del conocimiento objetivo está
ratificada por hechos como estos, que el periodista conoce, o porque ha sido
actor en ellos, o porque ha sido su testigo… Aquí algunas opiniones: Connell estudia las noticias de televisión y
concluye que "ayudan a reproducir ideologías reformuladas"… Hall,
Critcher, Jefferson, Clark y Roberts investigan las informaciones sobre atracos
en la prensa británica y anotan: "la definición de los atracos o asaltos,
tal y como la proporcionan las autoridades, como la policía, es lo que se
reproduce en las noticias"… J.I. Bonilla y María E. García en Colombia,
analizan editoriales del periódico El Tiempo sobre paros y huelgas, concluyen
que el discurso del periódico no aprueba
esos paros y los representa "invariablemente como problemas de orden
público"… Una investigación
parecida hizo el Glasgow University Media Group sobre las noticias de
televisión relacionadas con huelgas, presentadas "como problemas para el
público"… J. Downing en su estudio sobre la presencia de mujeres y grupos
étnicos en las noticias, demuestran que "el dominio masculino en los
medios de comunicación, reproduce el dominio masculino en la sociedad"… Estos
estudios sustentan conclusiones parecidas a las de los periodistas que han
llegado a la conclusión de que en la doctrina de la objetividad hay más teoría
que realidad… Los fundadores del Time comprobaron que era imposible la objetividad
absoluta y que sus editores deberían indicar en los asuntos controvertidos
"cuál de las partes tiene mayor mérito"… Y no estuvieron solos en esa
percepción. Desde 1883, Josep Pulitzer había dicho resueltamente que el New
York World se dedicaría "a la causa del pueblo en vez de la de los
monarcas financieros, a desenmascarar
todo fraude e hipocresía, a combatir todos los males y abusos
públicos" que es la misma posición del periodista de hoy que denuncia la
corrupción, que rechaza la violencia y que defiende la vigencia de los derechos
humanos… Han existido, por otra parte, prácticas periodísticas con las que se
pretende mantener una objetividad imposible, tal es el caso de la
impersonalidad de la noticia que se impone o porque la información es el producto
de una empresa, o porque está ausente un yo individual, sin expresiones - así
lo ordenan los Manuales de Estilo, creencias u opiniones de una persona… También
Teun A. Van Dijk "el yo puede estar presente sólo como un observador
imparcial, como un mediador de los hechos" y una práctica de esta
naturaleza, sugiere la pregunta: ¿para preservar la objetividad, debe desaparecer
el yo del periodista?... Parecen sugerirlo así las normas que prohíben los
coloquialismos, el estilo del lenguaje hablado, el uso del yo y, desde luego,
la opinión personal… Aparentemente en la práctica periodística se han acumulado
demasiados recursos para disipar en el lector la sospecha de que el yo del
periodista es el que impone una versión no objetiva y para consolidar la certeza
de que, al desaparecer el yo, se puede tener la seguridad de una información
objetiva, sin embargo, anota Tuchmann, "las citas son la protección del
reportero contra la calumnia y el libelo, y la ilusión retórica de fidelidad
encuentra aquí su correlato social en la veracidad de la representación",
en efecto, todos esos recursos al servicio de la objetividad, de hecho no crean
objetividad sino una ilusión de objetividad, porque es posible aparentar
impersonalidad, manejar fuentes, manipular cifras y porcentajes y convertir
todas esas tácticas en simples coartadas…Esa ilusión de objetividad desaparece
cuando intervienen las inevitables tomas de posición, implicadas en la decisión
entre varios hechos que pueden ser convertidos en noticia: ¿cuáles se cubren y
cuáles se silencian? Al optar por un determinado hecho, viene un segundo paso:
las fuentes que se consultaron: ¿por qué esas y no otras? Se repite el fenómeno
cuando el periodista utiliza el material proporcionado por las fuentes, porque
debe seleccionar unas partes y descartar otras: ¿con qué criterio se hace la selección? en todas estas etapas se
mantiene vivo el riesgo de que las posiciones subjetivas impidan la objetividad…
Victoria Camps formula reflexiones que seguramente han pasado ya por la cabeza
de los periodistas sometidos a esa dualidad de sentirse obligados a ser o
parecer objetivos y de decidir en cada uno de los pasos de la elaboración de
una noticia, entre su subjetividad y el mandato de la objetividad. Dice la
filósofa española: "informar no es tan distinto de opinar, o por lo menos,
interpretar... Decidir cuál ha de ser el objeto de la información es dar una
opinión. Decidir la forma -la extensión, la imagen- que debe tener la
información, es manipular la
realidad", porque, “no se informa sólo por informar, el informador
elige una información y elige, a su vez, el público al que la dirige. Nadie
habla en el vacío"… En vez de la impasibilidad de hielo del periodismo
objetivo, aparece el periodismo que se compromete, que tiene una opinión, que
defiende un punto de vista. Pero, ¿hasta qué punto es esto posible sin violar
la norma de la imparcialidad informativa?... La experiencia de la relación
periódico-lectores demuestra que no es creíble el periodista que hace gala de
no creer en nada; en cambio, aporta razones de credibilidad el que manifiesta
honestamente en qué cree… Una objetividad mecánica sólo produce esa información
simplista que reproduce los dos puntos de vista enfrentados y se lava las manos
diciendo que las conclusiones corren por cuenta del lector… Para encontrar una
salida al problema, se comienza a hablarse de la intencionalidad, sea expresa o
implícita, la intención gobierna el proceso de elaboración de una información,
le impone sus reglas que pueden darle forma, deformarla, recortarla, destacarla
o suprimirla, de lo que se trata, por tanto, no es de volver sobre la
inacabable discusión sobre la capacidad o limitación del ser humano para
conocer la realidad, sino de ir más adelante, por lo que la naturaleza de esas
intenciones señala el grado de libertad de la información… Esa construcción de
la credibilidad resulta más exigente que el viejo imperativo de la objetividad
porque demanda un esfuerzo sin pausa para buscar y obtener la verdad de los
hechos, al mismo tiempo que un control de las intencionalidades… Si se piensa,
además, que el periodista actúa como un guía que, a través de la información,
le permite a la sociedad identificar sus propósitos, crece en importancia el
deber de ofrecer una información libre. Sus noticias cumplen una función
política, con todo lo que ello significa en términos de poder, de interacción
de la sociedad, de orientación de su historia”… En conclusión, hemos recorrido,
unas detrás de otras, las etapas de la objetividad impuesta como norma,
superada luego por la búsqueda y control de las intencionalidades, que llevan
forzosamente a esa posición de equilibrio en que el periodista es a la vez
imparcial y comprometido con el interés general, es aquí donde esta reflexión finalmente encuentra una
dimensión que explica por qué, durante mucho tiempo, la discusión sobre la
objetividad fue una distracción que impidió ver el papel de la información en
la construcción de la democracia… En la ciudad-estado ateniense, lo mismo que
en la civitas romana, el ejercicio del poder no implicaba el nacimiento ni el
fortalecimiento de la relación mando-obediencia, sino una acción en común para
hacer y aplicar las leyes que todos, como coautores, apoyaban libremente, por
ende, ante la ley o la autoridad, aceptadas tras un proceso de conocimiento que
el ágora aceleraba y fortalecía, se hacía democracia… Esta palabra se construía
a partir del conocimiento y no de la adhesión, decía el pensador checo, Pavel
Kohout; “Un ciudadano libre es un ciudadano co-dominante, que es lo contrario
de ser dominado por una élite, o sea, que el ciudadano libre es creación del
poder democrático, el dominado es el resultado de una fuerza tiránica y en la
formación de ese ciudadano libre, una información libre es tan necesaria como el agua o el aire
para los seres vivos”... Cierro con esta cita: La objetividad periodística: una
pretensión tan desmedida como la de aprisionar el reflejo de las aguas de un
río, que en un instante son y en el siguiente dejan de ser. Sin embargo, esa
objetividad es la garantía que el lector busca para poder creer. Javier Dario
Restrepo.
¡Nos
encontramos el próximo martes…!
Dudas, quejas y comentarios en
mario_millan@radioenredes.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario